jueves, 27 de octubre de 2016

El discurso: su posicionamiento ideológico



Los discursos no reflejan la realidad, sino que son parte de un proceso en donde se reelaboran las interpretaciones de esa realidad, construyendo de este modo, una forma de ver respecto a lo que acontece socialmente y a los intereses que están en juego.
  En todas las expresiones discursivas existe un posicionamiento ideológico que el autor lleva adelante. Lo que se considera normal, importante, condenable o aquello que se desea ocultar queda expuesto en la matriz discursiva de cada sociedad en su tiempo.
  Las sociedades, a través de sus discursos, llevan a cuesta opiniones, valores e ideologías que están atravesadas por las desigualdades generadas por un poder imperante que determina cuales de esos discursos serán visualizados correctamente, con que fuerza llegarán a la opinión pública y cuales quedarán detrás de un velo que los acalle.
   Luisa Martín Rojo, especialista en socioligüística, hace referencia a discursos “des-legitimizados” y discursos “des-autorizados”. Entre ellos se pueden encontrar discursos disidentes, discursos de resistencia o aquellos que presentan un punto de vista diferente al que el orden social dominante quiera iluminar. Es una trama que desencadena en lo que ella llama “monopolios” u “oligopolios” del mercado lingüístico.
 Rojo distingue dos procedimientos tendientes a la exclusión del discurso: la prohibición y la neutralización. El primero está relacionado con mecanismos de vigilancia, control y destrucción de la producción de un determinado discurso. Mientras que la exclusión por neutralización se ejerce a través de la conformación de imágenes negativas, conformando y generando la idea de anormal o inhabitual provocando, en muchos casos, un rechazo de forma natural. Este tipo de exclusión se realiza con mucha más sutileza que el anterior.
  El filósofo frances, Michel Foucault  consideraba que la disciplina es una técnica que controla, dirige, el campo de lo verdadero; es decir, la disciplina controla cuáles son las condiciones de verdad de las proposiciones o de los distintos modos discursivos. Establece de qué se discute, cómo, hasta dónde y cuándo. Además, define cuáles son las técnicas mediante la cuales se dirimen las controversias, estipulando y legitimando cuáles son los saberes válidos y cuáles los inválidos.
  Destacaba que el sujeto que realiza un discurso está inmerso en una realidad social que infiere, con diferentes herramientas, aquello que  pretende que el discurso valide. Un procedimiento tendiente a la “corrección” del discurso es la construcción de modos de exclusión que tiene tres sistemas principales: la palabra pro­hibida, la palabra separada y la palabra falsa. Estos sistemas permiten, como lo señalaba también Luisa Rojo, la extirpación o el ocultamiento directo de ciertos discursos, como es el caso de la palabra prohibida. Pero también existen otros mecanismos más sutiles como la desacreditación de quien produce el discurso o su ocultamiento por medio del enfrentamiento con el “discurso verdadero”,
  

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