lunes, 2 de noviembre de 2015

La aparente legalidad Hitleriana



La República de Weimar transitaba momentos muy difíciles antes del año 1933 en Alemania. Tenía una constitución que establecía un sistema representativo, republicano y federal, pero en estos tiempos se debía recurrir a la facultad presidencial de declarar “estado de emergencia” para poder aprobar las leyes  debido a las divisiones internas existentes en el Gobierno.
  En 1932, el presidente Hindenburg, nombró Canciller a Adolf Hitler con la intención de que este le proporcionara el respaldo popular que no tenía y que tanto necesitaba. En poco tiempo todo cambió, los NAZIS derrocaron el Parlamento, destruyeron el sistema judicial, sembraron el miedo en la región, crearon la Gestapo y los campos de concentración.
  Alemania estaba en crisis y Hitler supo descifrar las demandas que existían en la sociedad y transformarlas en operaciones de Estado que dieran forma a los planes que él tenía para el futuro del país. Antepuso actitudes firmes que dejaron en evidencia las debilidades de la República de Weimar. Entendía que debían recuperar los valores morales y culturales e identificar claramente a los enemigos del país. Hitler sabía lo que quería implementar y también sabía cómo lograr que el pueblo Alemán exigiera una política de exterminio y sumisión.
  Cuando Hitler asume como Canciller en 1933, se produce casi automáticamente la disolución del Reichstag y tras la ejecución de algunas medidas tomadas siguientemente, no fue necesaria la utilización de la violencia para someter al pueblo Alemán. En febrero de 1933 se produce un incendio en el Reichstag y la responsabilidad recae sobre un joven comunista. Este hecho le permitió, con el consenso del pueblo y la anuencia de presidente Paul Von Hindenburg, firmar un decreto de emergencia “para la protección del pueblo y del Estado” en donde se suspendían las libertades civiles para poder hacer frente a la maliciosa escalada comunista. La publicidad y los medios colaboraron para que las detenciones fueran muy bien vistas y se transformaran en una herramienta de defensa nacional.
  Luego de las nuevas elecciones parlamentarias. Hitler juntos a los nacionalistas tenían una mayoría en el congreso. Esta situación le permitió primeramente subordinar a la justicia para proteger al régimen. En este sentido, se determinó que la justicia debía actuar con celeridad ante los ataques y las críticas al régimen. También logró un cambio constitucional que le permitió aprobar las leyes directamente en el Consejo de Ministros, salteando así al Parlamento. De este modo, sin la participación de los socialistas y los comunistas, logro los poderes plenipotenciarios de una manera aparentemente legal.
  Hitler fue imponiendo su régimen a través de una aparente legalidad. No necesitó hacer una revolución para tomar el poder y someter a los ciudadanos. Fue generando el consenso popular para que sus medidas sean aprobadas jurídica y socialmente. A través de la propaganda direccionada a la amenaza comunista, generaba decretos de protección al pueblo alemán restringiendo la libertad de expresión, prohibiendo las reuniones y las manifestaciones, mientras tanto se inyectaba el odio racial y el miedo que atentaban contra la prosperidad de los alemanes “auténticos”.
  Los hechos propagandísticos le permitieron la ejecución de innumerables Decretos y leyes que fueron aceptados con agrado por el pueblo alemán. Algunos de ellos eran sobre “rumores maliciosos”, “ataques malévolos”, “sobre toda desacreditación al Gobierno Nacional”, “creación de tribunales especiales” (eran llevadas personas sospechadas de delitos políticos), “pena capital para los delitos como el incendio de Reichstag con carácter retroactivo”, “encomendación a la Gestapo misiones preventivas para frenar delitos políticos, permitiendo así encerrar a los sospechosos en campos de concentración sin juicio previo”, etc.
  Mientras todos esto Decretos daban libertad de acción y represión, el pueblo alemán fue uniéndose cada vez más al partido NAZI. Los Plebiscitos que se llevaban a cabo daban números muy favorable a Hitler. Por ejemplo en 1933 el 95 % apoyó que Alemania se retire de la Liga de Naciones y otro realizado en 1938 que proponía la reunificación de Alemania y Austria, otorgaban los mismos porcentajes. Con las elecciones pasaba algo similar, en noviembre de 1933 Hitler es acompañado por el 92% de los votantes y en marzo de 1938 por el 99,9% (según el Nacional socialismo).
  El régimen NAZI no tuvo ni siquiera la necesidad de depurar la policía, sus miembros adoptaban con agrado las reformas y designaciones que se les hacían. La creación de la Gestapo tuvo como finalidad “restaurar la ley y el orden”, podían perseguir y combatir cualquier intento político de destrucción del Estado. Los grupos de comunistas eran despreciados en la sociedad, entonces pudieron ser juzgados a muerte en esta cruzada.
  Las decisiones económicas también tuvieron este barniz de legalidad, porque al implementarlas, se intentaba direccionar una conducta que permitiera luego un accionar legal. Todos los logros económicos eran amplificados por los medios de comunicación y se otorgaban préstamos a las parejas “racialmente correctas” o se atacaba también el desempleo con la obligatoriedad del servicio militar o con la creación de un campo de concentración como el de Dachau, en donde se presentaba como una “esperanza para el mundo empresarial” y se acentuaba en las ventajas económicas para una localidad muy golpeada por la desocupación.
   Con respecto a la persecución desatada a los judíos se actuó de manera similar. Es decir se anteponía una campaña publicitaria antisemita y luego con el apoyo de las masas se decretaban leyes tales como la de 1933 en donde se incitaba a “depurar de judíos y otros elementos indeseables a los cuerpos de funcionarios civiles del Estado” o la del “Comité de boicot” para empresas, productos, médicos y abogados judíos.
  Esta campaña difamatoria contra los judíos llegó también a los estatutos médicos en donde se debía contribuir a difundir la ideología NAZI y en donde existían “cuarteles generales biológicos”.
  Los judíos fueron expulsados de las cátedras, perdieron sus derechos políticos y en 1941 se decidió su exterminación biológica que mayoritariamente fue llevada a cabo en los campos de concentración creados para tal efecto.
  Ante semejante desastre no hubo protestas ni manifestaciones que procuren detener la crueldad NAZI. Casi todos los mecanismos de acción fueron aprobados y apoyados jurídicamente, las leyes acompañaron un proceder que regó de crímenes, miedo y terror a Alemania. Por su parte los medios de comunicación se encargaron de que el pueblo alemán en su mayoría viera con agrado que la bandera de su país fuera remplazada por la esvástica.